PeléEl niño de Três Corações
Nació en un pequeño pueblo de Minas Gerais en 1940, y a los quince años ya era profesional — un adolescente delgado entrando al Santos con nada más que un número en la espalda y un talento para el que nadie tenía nombre todavía.
Un niño se convirtió en leyenda
Con solo diecisiete años, llegó a su primera Copa del Mundo y la dejó como su figura definitoria — seis goles en Suecia, un hat-trick en la semifinal, y el primer título mundial de una nación cargado por un adolescente que lloró en la cancha.
El rey
Durante dos décadas Santos fue el centro del fútbol mundial porque él estaba allí — cientos de goles, el propio récord reconocido del club, y la noche en que el Maracaná se detuvo para su gol mil. Él no perseguía la grandeza; ella se reunía a su alrededor.
“Nací para jugar al fútbol, así como Beethoven nació para escribir música.”— Pelé
Fútbol, perfeccionado
Para 1970 ya no era un prodigio sino un maestro, y el equipo a su alrededor jugó el fútbol más bello que el deporte había visto. Cuatro goles en el torneo, y en la final un pase de tal calma que todavía enseña el juego — servido en el camino de Carlos Alberto para el gol que cerró el 4 a 1.
El mundo entero conocía ese número 10
Tres Copas del Mundo — ningún otro jugador las ha ganado jamás — y un récord goleador con la selección que se mantuvo por medio siglo. Cuando cruzó el Atlántico hacia Nueva York, no perseguía una liga; llevaba el juego a un continente que aún no lo conocía.
PeléEl que hizo que lo imposible pareciera inevitable
Medio siglo después, el debate sobre su número exacto de goles todavía continúa — mil y tantos, según quién cuente. Pero el conteo nunca fue el punto. Hizo que ganar pareciera un regalo que entregaba a todos los que miraban, y el fútbol nunca ha dejado de decir gracias.
“Nací para jugar al fútbol, así como Beethoven nació para escribir música.”

